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La falta de tipificación ha sido hasta ahora uno de los argumentos
machaconamente y hasta podría parecer intencionadamente, esgrimidos
desde todo los ámbitos para evitar o embarcarse en la lucha contra
el mobbing. Su falta de tipificación y su dificultad probatoria son
las excusas para evitar cualquier acción dirigida en su contra.
Pero el
mobbing vulnera los derechos fundamentales de las personas regulados
recogidos en la Constitución Española del 78 y que se interpretarán
de conformidad con la declaración Universal de los derechos humanos
y además inflinge un trato que menoscaba gravemente la integridad
moral de la persona que lo padece lo que está tipificado como delito
en el Código Penal Español
El eterno
dilema es sí las penas son efectivas para erradicar el delito y
qué sucede con ellas en el caso particular del mobbing.
Quizás la
mejor idea es la de la prevención primero y la de sancionar
después. Es decir, una política que combine prevención y castigo y
sobre todo voluntad.
Las leyes
penales solo atacan la manifestación de los actos violentos, de los
crímenes. Atacan las consecuencias pero no a sus raíces que son las
que mantienen los delitos. De nada sirve arrancar hoy las
ramas
porque mañana volverán a brotar otras nuevas.
Sancionar,
castigar, llevar hasta los tribunales a los acosadores y sus
cómplices ¿es suficiente para erradicar este crimen?
No. El
derecho penal no ha podido con la erradicación de otros delitos
incluso más tangibles que el mobbing que se produce en un entramado
tejido a base de sutilezas.
Además son
pocas las víctimas que llegan a la fase Juzgados puesto que
antes de esa fase ya decidieron a la desesperada que había que irse
aún sin cobrar un duro por que su aniquilación sicológica no les
permitía más y lo de llevar delante del juez al empresario era y es
casi anecdótico.
Es decir, el
daño ya está hecho y todo lo que eso conlleva.
Según L.
Cohen y M. Felson para cometer el delito es requisito que se den
tres factores simultáneamente:
a) El
delito.
b) La
Víctima
c) La
ausencia de Guardianes
Si falla
alguno de ellos el delito será imposible...
En el caso
del mobbing se dan los tres requisitos:
El
acosador, con tendencias criminales, la víctima y la
Ausencia de Guardianes (Administración Pública, sociedad en los
controles informales, justicia y otros instrumentos
sociales....)
Hablando de
la violencia laboral vamos a pararnos en el último ingrediente: La
ausencia de Guardianes.
Primero, la
Administración Pública que a sabiendas de que este crimen existe,
hasta ahora lo consintió obviando una política preventiva.
Pero lo que
es realmente preocupante por su gravedad es que es la administración
pública en donde con mayor frecuencia se comete el mobbing.
La
Administración Pública debe ser el ejemplo de una organización en
donde no se dé cobertura al delito, ejemplo en el que se debe
reflejar el resto de la sociedad.
Segundo,
los controles informales del delito son aquellas normás sociales que
establecen qué conductas son tolerables y cuales moralmente
inadmisibles y por lo tanto socialmente sancionables.
Estos
controles informales son mucho más eficaces que la Ley Penal, a la
hora de frenar actos delictivos y sobre todo en el caso del mobbing.
Por lo
tanto, se hace necesaria una mirada al interior de una comunidad en
la que se amparan y se da pábulo a conductas criminógenas.
El caldo de
cultivo del mobbing es una sociedad en la que el éxito es el valor
supremo y en la que se nos vende que todo es posible alcanzarlo con
el menor esfuerzo (véanse el exagerado crecimiento de personajillos
que sin hacer nada que lo merezca que han sido entronizados
socialmente por su aparición en la televisión).
Alcanzaremos
nuestras metas utilizando, si es necesario, la violencia en contra
de los demás.
Se aupan a
empresarios y a empresas con prácticas poco honrosas o cuando
menos dudosas siempre que sean sinónimo de riqueza.
Existe un
exceso de individualismo en contra del compañerismo entre los
trabajadores. Trabajar bien está mal visto. El esfuerzo
personal para alcanzar nuestros objetivos, está poco o nada
recompensado. Todo vale con tal de...
Ser honrado
puede ser, incluso, contraproducente a la hora de conseguir un
puesto en el podium.
Vivimos la
tiranía de la estética: ricos guapos y famosos. Y así las
cosas se han creado dos polos: los vencedores y los vencidos
y el mobbing te aboca irremediablemente a los segundos.
En una sociedad
en la que se postulan valores humanos un acosador no tendría cabida.
La
adjudicatura, los agentes sociales y otros instrumentos forman parte
de esta sociedad y por supuesto no son ajenos a ella y lo que es
mucho peor sobre ella se construyen los tribunales que juzgarán a la
víctima (los vencidos) y al acosador (los vencedores).
Identificarse con los vencidos en estas circunstancias no es cuando
menos aconsejable.
Conclusión,
en este contexto no existen ni controles formales (administración,
justicia) ni informales (normás sociales basadas en valores humanos)
para evitar el delito, es decir, existe una ausencia total de los
guardianes lo que seguirá proporcionando victimas y verdugos.
En las
circunstancias sociales actuales, ¿existe garantía de que una
víctima sea resarcida por el derecho Penal?
Todo lo contrario. La
víctima se presentará en el juzgado aniquilada ya sicológicamente
y tendrá que escuchar a la parte demandada que con todas sus
armas, intentará demostrar que el acosado no es más que un
impostor, tendrá que escuchar a sus propios compañeros (con los que
anteriormente tuviera una relación amigable) que en el estrado
apoyarán con más mentiras al acosador bajo la mirada de un juez
escéptico a su demanda.
Es posible
que obtenga, en el mejor de los casos, una sentencia a su favor pero
el daño psicológico con sus consecuencias físicas ya se ha
producido.
Se
necesitará tiempo para su total recuperación, si es que ésta llega.
¿Y si la
sentencia es en su contra, que es lo más habitual?
Más incomprensión a sus espaldas. Más desconcierto. Si no es
capaz de probar que ha sido objeto de un plan tendencioso del que es
responsable un hostigador y sus circunstancias, sobre él volarán
la duda y su credibilidad estará ahí en el aire.
Sea como sea
con su sentencia en la mano se enfrenta a una sociedad que
esconde a sus víctimas debajo de la alfombra
¿Cómo
Combatir?
Con la
prevención. Porque la Prevención es la herramienta para llegar
hasta las raíces y removerlas.
Pero para
planificar la prevención primero hay evaluar los riesgos que dan
paso al mobbing. En esto ya hay camino hecho.
Sabemos
cuales son las raíces del fenómeno mobbing y la prevención del
delito consiste en atacar las causas no sus consecuencias, pero para
esto hace falta voluntad.
Voluntad principalmente de los Poderes
Públicos y empezando por ellos mismos.
Conocemos el escenario del
crimen, sabemos que no sólo es culpable el acosador, existen otras
circunstancias, otros factores que lo fomentan tanto a él como al
delito en si.
De todo esto hay materia suficiente porque desde
Leymann, diferentes expertos desde la psicología social y desde el
derecho han venido investigando la violencia laboral, sus causas y
consecuencias
El
acosador es un delincuente racional que escoge a su víctima,
valora el riesgo y sus beneficios.
Unos
beneficios altos (un ascenso, mantener su estatus de poder...) y
unos costes bajos o nulos porque sabe que actúa amparado por la
permisividad explicita o implícita del entorno. Tanto dentro como
fuera del centro de trabajo.
Todo lo
contrario que su víctima, presa fácil y aislada
a la que todo el entorno la golpeará una y otra vez.
Le cogerá
desprevenida porque sus sistema de valores no sólo le impide cometer
el delito sino que le resulta inimaginable que cualquier otro pueda
tejer semejante plan tendencioso dirigido exclusivamente a
aniquilarlo sicológicamente.
Los
programas de prevención de un fenómeno tan complejo como la
violencia laboral requiere de una estrategia coordinada y
multidisciplinar que abarque todos los ámbitos implicados: el ámbito
educativo, el ámbito social, el ámbito del derecho, de la
judicatura, el ámbito de la salud...
Hay que
educar, hay que crear conciencia social para darle la oportunidad a
que la sociedad haga una revisión de sus precios, de qué conductas
deben ser tolerables y cuales no, para vivir en una sociedad en la
que sea posible la paz, porque sólo así estaremos sanos todos.
Más vale
prevenir que curar y el recurso del derecho penal, necesario,
debe actuar en última instancia cuando a pesar de todo se ha
cometido el delito.
EVA VENTÍN
LORENZO
Despacho laboralista Eva Ventín
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