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"El excesivo
amor propio de las víctimas de mobbing."
Eva Ventín |
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El excesivo
amor propio de las víctimas de mobbing.
Todos los expertos
que han venido estudiando el mobbing desde Leymann son unánimes al
describir a la víctima como: personas con un alto sentido de la
justicia, de la responsabilidad y su gran capacidad de trabajo,
entre otros.
Pero, no es menos
cierto que esas cualidades muchas veces se convierten en sus
puntos débiles: propician ser una víctima y el hostigador lo sabe.
Por ese alto
sentido de la responsabilidad que se traduce en muchos casos en: no
dejar el trabajo sin hacer.. manteniéndose al pié del cañón
aún cuando su resistencia sicológica haya desbordado los límites.
Y si hay algo que
perjudica a las víctimas, y desgraciadamente por experiencia propia
lo conozco, es su elevado amor propio, - por mi dignidad,
solemos decir, que les obliga o nos obliga a mantenernos en
pie, pese a estar heridos y heridas de muerte en el campo de
batalla.
Cuando la víctima
pide ayuda, cuando se acerca a las asociaciones ya está en las
últimas de su salud mental.
Ha recorrido un
tortuoso y largo camino y lo que es peor, en soledad.
Entonces lo
primero que aconsejamos es una baja laboral para su recuperación y
la respuesta es casi siempre la misma:
- No. No quiero que
piensen que han ganado ellos.. No les quiero dar esa
satisfacción.
Es el amor propio
de la víctima que no admite su derrota.
Resistencia
tontorrona, porque queramos o no, en ese momento cuando hemos
recurrido a la química para curar los estragos sicológicos o los
daños físicos a través de los que somatizamos, es cuando estamos ya
derrotados pero, forzamos la máquina y forzamos una salud de hierro
que es solamente una ficción. Y continuamos aparentando que todo
está bien.
La realidad es que
nos estamos desarmando. Estamos agotando todas nuestras energías
vitales, esas que nos harán falta más tarde para conseguir la
victoria delante de un Juez por ejemplo o, para rehacer nuestras
vidas personales y profesionales en el momento en que nos decidamos
a dar carpetazo.
Muchas veces, en
el fondo, pensamos que mantenernos en pié a pesar de que perdemos
sangre, mucha sangre por la herida, les estamos dando una lección al
hostigador y a su clan. Nada más lejos. Ellos no están
pensando en nosotros, en nuestra valentía o en nuestra fortaleza
síquica. Ellos están a otra cosa, están preparando su próximo
golpe, el que puede ser el definitivo, el que termine con lo poco
que nos queda de salud. Ocupados en esto no tendrán tiempo para las
alabanzas a nuestra gran dignidad.
Debemos saber
retirarnos a tiempo y pensar que es algo temporal, que será por el
tiempo justo para recuperar la sangre perdida. El tiempo justo
para poder ganar la guerra.
Es imprescindible
eso si, que durante ese tiempo nos pongamos en manos de los
especialistas que nos ayuden a recuperarnos y nos proporcionen
técnicas de afrontamiento para cuando volvamos al centro de trabajo
o al infierno que es lo mismo.
La serenidad de
espíritu es la que nos permitirá dar pasos seguros además de
proveernos de lo necesario para nuestro viaje hacia la justicia.
Es el tiempo el
que da la perspectiva y la perspectiva a su vez, nos permite ver
más allá del problema, es decir, las soluciones posibles y que las
decisiones que tomemos sean las que más se ajusten a la realidad.
Las
heroicidades, en estos casos, las justas. Los héroes para el cómic
y los mártires para la Iglesia.
EVA VENTÍN LORENZO
Despacho laboralista Eva
Ventín
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