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Eva Ventín |
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No podemos dejar de insistir que
son los Testigos Cómplices la pieza fundamental en el entramado del
mobbing.
El acosador, no actúa solo.
Para que este plan se lleve a buen puerto es necesario contar con
la ayuda de otros que remen a sus órdenes. Él es el capitán general,
eso si pero, ¿Qué sería de él si no contase con un ejército leal que
aplaudiese su gesta?.
El acosador es un depredador que
necesita público un público al que mostrar su presa que no es una
presa cualquiera es una presa codiciada: Una víctima con prestigio
profesional, insumiso, brillante y con capacidad de decisión propia
y con este alarde de fuerza conseguirá el apoyo incondicional
cimentado en el miedo y en silencio de los corderos, testigos
cómplices o testigos mudos.
Esos apreciados compañeros que callarán e incluso disfrutarán del
espectáculo son conscientes de lo injusto del castigo, del crimen
que sus conciencias humanas se resisten a aprobar. Pero todo tiene
solución. Se convertirán en la correa de transmisión de la falsa
rumorología de un experto en la manipulación que no se molestarán
en contrastar para contribuir a la desacreditación de la víctima y
de paso acallarán sus conciencias con un El se cavó su propia tumba.
Y a seguir durmiendo que mañana hay que madrugar.
Con Estos apreciados e
incondicionales compañeros en otros tiempos hemos ido comer, o
incluso a la comunión del peque y con ellos hemos celebrado la cena
de Navidad de la empresa. Cena entrañable, donde las haya.
Ahora son los que jalean al
hostigador y por supuesto desde el primer momento se han colocado
del lado del que golpea, ¿Por Qué?, por las más variopintas
razones: Unas veces porque tienen miedo, otras veces porque le
deben favores, otras porque esperan el premio de quien están seguros
será el ganador en esta contienda y otras muchas porque les gusta
esto del espectáculo detrás de la barrera.
Sea por lo que sea, no quieren
saber nada porque al fin y al cabo con ellos no va. Pero ahí se
equivocan. El agresor es un criminal en serie. Cuando acaba con
uno empezará con otro. En mi consulta muchas víctimas, cuando les
pregunto si saben si este hostigador tenía antecedentes me
responden que algo habían oído de un caso anterior muy parecido o
idéntico al suyo.
Por miedo, por cobardía dormirán
con su enemigo. Un enemigo con ansias de agredir al que se mueva,
al que pretenda brillar más que él. Golpeará al que un día le dé
un no como respuesta o mismamente al que pretenda ser diferente a
él.
No es difícil anular al
perverso. Sólo hace falta no entrar en su juego, no aceptar su
chismorreo. No acceder a la orden que impida hablarle o saludar a
la víctima, por ejemplo. Cortarle en definitiva, los canales de
transmisión que necesita para consolidar su plan.
¿Qué sucedería si en vez de
escuchar atentamente y en silencio al perverso, se le cortase de
raíz con algo así como...”A mi no me cuentes nada”?. Otro gallo nos
contaría.
El grupo social de la empresa
debe revisar sus valores y rechazar todas aquellas conductas que son
intolerables sólo así lo apartaremos y todos podrán respirar
tranquilos
EVA VENTÍN LORENZO
Despacho laboralista Eva Ventín
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